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suletrasmonte
Susana María Cavallero
Monte - Argentina
Soy una mujer de 60 años, vividos al día de hoy 22 de mayo 2015. Me gusta escribir, leer, el café y el sol y el chocolate, el verde y el agua en mares, ríos, lagos y lagunas. Dibujo y pinto. Escribo historias, verdaderas? falsas? toda la vida es una gran comedia y nosotros los humanos grandes actores que jugamos roles diferentes cada día. Pongo aquí mis escritos para que juzguen, critiquen, alaben, odien o amen a mis personajes. Uds. sabrán que calificativo le darán.
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Últimos comentarios de este Blog

05/06/13 | 20:32: nenaemoxa dice:
que mal lo hisites
03/12/12 | 07:31: Elena A. Navaro (Falta tiempo para tanto decir) dice:
Muy bueno tu texto, sobre todo original, me gustó. Cariños Elena
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Aquí mostraré algunos de mis cuentos y /o por que no mis poesías.
Soy una aficcionada sin títulos habilitantes. Me gusta escribir y todas las ramas del arte. Sin cursos ni preparación. Solo ganas de que conozcan mis cuentitos


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UN DIA INSÓLITO



                                       UN DÍA INSÓLITO

 

 

El pasillo que lleva a los dormitorios está silencioso. No hay nadie levantado todavía. Faltan cinco minutos para las seis de la mañana y las pantallas luminosas empotradas en cada puerta aún no se han activado. Sin embargo Bautista Tosunian, que está dentro de su habitación, tiene los ojos abiertos,  mira sin ver el techo blanco. Nada indica que esté despierto, y si lo está, su chip interno le indica que no debe moverse hasta que suene la sirena. Bajo la cama un libro pequeño, antiguo de hojas de papel yace escondido entre sus ropas.

El resto del grupo familiar también espera.

Un ruido estridente llega ululando desde las colinas cercanas haciéndose cada vez más intenso. Aturde. La ciudad comienza a despertar. Se abren las puertas de las casas y los hombres salen a los jardines delanteros y recogen de los buzones los visores energéticos y leen las instrucciones.

A partir de allí, comienzan a realizar tareas diferentes. Unos cortan pasto, otros sacan sus vehículos de los garajes, otros salen caminando con trajes pulcros hacía el estacionamiento de multivoladores comunales que los llevaran a sus trabajos, otros con ropas deportivas trotan hasta el bosque.

El barrio bulle de energía, el pavimento plastificado de las calles se enrolla con un ligero chasquido y la suciedad es volcada en las cubetas cilíndricas que emergen del suelo en cada esquina. Los comercios del centro comercial abren sus puertas obedeciendo el segundo llamado de la sirena.

En el piso de abajo los niños más chicos comienzan su desayuno, el jefe les lee los visores.

Bautista es mayor de edad y ya lee su propio visor. Lo hace y le ocurre algo extraño, no tiene ganas de seguir las instrucciones,  se levanta de la cama y por primera vez en su vida siente algo raro. Siente. Tiene sensaciones. Una angustia desconocida que lo impulsa a pensar, a cuestionar esa existencia programada. Se viste con sus propias manos sin esperar el vestidor automático, observa desde la puerta de la habitación a su madre que paciente espera que el jefe de la familia lea las instrucciones de su biorritmo interno con la contraseña indicada para ese día y que ella esté lista para encarar las tareas diarias.

Bautista frunce el ceño en clara desaprobación, quisiera abrazarla y que ella lo acaricie. Eso es algo desconocido para él y lo asusta ¿Qué le pasa?

El sistema de limpieza zumba aireando las habitaciones, la ropa de cama ya está circulando por las cintas hacía el lavadero y las sábanas impecables y perfumadas avanzan estirándose sobre la cama. Bautista tiene la necesidad de estirarlas con sus propias manos, de sentir la suavidad de la tela en sus dedos y lo hace. Un ruido seco interrumpe el mecanismo. Su madre con expresión vacua mira las sábanas a mitad de camino, sin avanzar y aprieta un botón para llamar al técnico.

Bautista sale de la casa con una opresión desconocida en su pecho. No puede dejar de tener sensaciones. Aprieta sin resultado el chip interno: 1-8-7-5, la clave no funciona. Decide caminar. Todo es extraño en esta mañana. Aspira el perfume de las flores y lo inunda un bienestar nunca apreciado.

Nadie parece reparar en las actitudes de Bautista. Todos están atentos a sus tareas específicas. Él no, sigue caminando y mirando hacía uno y otro lado bebiendo con ansias el descubrir de un mundo desconocido.

El pitido agudo de su censor implantado en la muñeca izquierda le avisa con su luz roja que esta en infracción, tiene un atraso de quince minutos para abordar el multivolador que lo llevará a su centro de estudios superiores. Bautista hace caso omiso. Sigue caminando, siente el suelo duro en cada paso que da y su calzado hace un ruido reconfortante, el aire está cálido, una felicidad impensada inunda de tibieza su pecho.

Hoy le parece que mira por primera vez algo tan cotidiano como es ver las calles desiertas, nadie camina por ellas, todos se trasladan  por medio de las cajas acrílicas que corren por rieles a los costados de las veredas, no sabe por que le parece un comportamiento tan extraño.

Algo ha cambiado en Bautista. Todo le parece frío y metálico, estéril, un quirófano aséptico sin alma. ¿Sin alma?  No entiende porqué su mente es una maraña enredada de sentimientos, un enjambre de miedos, dolores, goces, tantas cosas extrañas que no puede manejar. El libro es el causante. Su lectura prohibida lo llevó a un mundo impensado.

El censor no le avisa que tiene que comer algo, pero en su estómago anida un vacío que le recuerda las ganas de saborear una comida. Entra en un comercio de alimentos pero su código no existe allí. Está muy lejos de su comedor habitual. No hay comida para él.

Por el vidrio de la ventana observa comer a las personas y una chica hermosa de ojos verdes lo mira a los ojos. Bautista queda impresionado, piensa que ella siente igual que él, que han tenido una comunión que los acerca y levanta la mano para saludarla.  La chica se levanta de su silla y sin desviar la mirada se acerca a la barra de seguridad del local e inmediatamente un silbido agudo comienza a sonar. Bautista queda aterrado, sus ojos buscan un escape. No lo hay. Agudas cuchillas aceradas surgen del pavimento y lo cercan formando una jaula. Bautista grita desesperado, se aferra a los barrotes filosos apretando el acero, mana sangre de una de sus manos. La plancha del piso de la jaula se eleva del suelo y la patrulla robotizada de la seguridad la carga en su vehículo.  La chica de ojos verdes mira indiferente la escena.

La tarde muere en el horizonte, los árboles se visten de noche, la ciudad se duerme sosegada y Bautista en su jaula es adaptado nuevamente al sistema.

La casa está quieta, el jefe familiar desconecta los chips internos de toda la familia. Bautista, readaptado tiene los códigos organizados y ya está programado para el descanso.   La pantalla luminosa de la puerta está apagada.

En la oscuridad una lágrima caliente se desliza por la mejilla de Bautista y su mano acaricia la gastada tapa del libro...

 

 

CAVALLERO Susana

ESTE CUENTO ACABA DE SER PREMIADO CON MENCIÓN DE HONOR EN EL CONCURSO LITERARIO JUNINPAÍS2010


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
07/09/10 | 10:14: Edgardo Donato Díaz - Mariposas Azules dice:
Un excelente trabajo Susana. De lo mejor que he leído por estos lares. Se me ha presentado como un alegato de libertad. Un sentido y fundado reproche al sistemático reemplazo de la " imperfección " de las sensaciones, por la pulcritud de la organización tecnológica. Una apelación al amor, amiga. Me encantó. Te dejo un abrazo. Con el respetuoso afecto de siempre.
e.donato.diaz@gmail.com
 
06/09/10 | 00:01: Jorge Bell dice:
Hola Susana!! Me ecanto!! Con razon te sacaste el premio, es un cuento genial. Que triste a lo que podemos legar no?? Besos
Jorgebell100|@hotmail.com
 
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